miércoles, 27 de agosto de 2014

Racismo Homoerótico

Hace ya algún tiempo, cuando tuve la suerte de vivir una temporada en Jerez de la Frontera, recibí la agradable visita de mi hermano, Alberto Galisteo, redactor en la revista online Frikarte. Muy agradecido quedé, teniendo en cuenta el poco amor que siente por el arte de la conducción. No quiero enrollarme demasiado, así que iré al grano. Íbamos nosotros paseando con cierta indiferencia por una de esas grandes superficies (Carrefour, Alcampo o cualquiera que fuese) cuando por casualidad giré la vista y vi algo que me llamó profundamente la atención. Se trataba de un paquetito blanco que contenía en su interior un lote de toallitas bronceadoras, si bien no fue el producto en sí lo que atrajo mi curiosidad, si no el diseño gráfico del paquetito en cuestión. En el podía verse a un hombre... Bueno, el caso es que aparecía, sobre un fondo blanco y amarillo... A ver, el hombre en cuestión, por sí solo no sería digno de mención (vale, alguien dirá que el que no es digno de mención soy yo mismo y no el menda de la foto), más bien el desafortunado eslogan que lo acompañaba. Miren, les dejo la foto que sacó en su momento mi hermano y que raudo y veloz subió a su blog condensador de fluzo con el título "racismo homoerótico".

¡Vamos niña, que me lo quitan de las manos!

¡Pero vamos, a que esperas! ¡Llévatelo! ¡Coge el paquete, pasa por caja y paga, luego, acércate por el mostrador de atención al cliente y allí mismo te dan un maromo mulato y bien musculado, con su sonrisa profiden y también musculada para que te lo lleves a casita, ea. Lo que hagas con él... Bueno, habría que tener en cuenta que la esclavitud ya fue abolida, que la prostitución sigue siendo ilegal en este país... ¡pero eso son sólo detalles!

Publicistas, diseñadores gráficos, expertos en marketing, dueños de las empresas que fabrican estos productos,... Son multitud de manos por las que un diseño pasa antes de ser dado por válido y luego llevado a impresión. ¿De verdad a nadie le pareció inapropiado, fuera de lugar, ridículo o, por lo menos, de chiste? ¿Nadie dijo nada? No claro. si alguien dijo algo o no se expresó con claridad o lo echaron por llevarle la contraria al jefe, es decir, "si al jefe le parece bien, yo no tengo nada que decir". Y ojo, que no pienso objetar nada al diseño en sí, es decir, los elementos escogidos, su disposición y colores empleados para representar gráficamente y de manera atractiva para el consumidor el producto en cuestión. 

No, mi crítica, como es obvio, se dirige al lumbreras que escogió ese eslogan para acompañar esa foto. Me parece bien el uso (no el abuso) del erotismo en publicidad, lo confieso; es un recurso más, como tantos otros y no entiendo porqué nadie se espanta porque un niño pueda estar expuesto a esos estímulos (yo a los seis años le vi una teta a Sabrina y no me he convertido en violador) cuando seguro que en la calle va a embobarse con las minifaldas y los escotes primaverales que le recuerdan sin duda a lo que ve en horario infantil en cualquier cadena italiana. Aquí el problema, según yo lo veo, es que casi podrían denunciar a la empresa por falsa publicidad, más de uno y una habrá pensado seguro "ey, he comprado esto y no me han dado el moreno". No creo que sea muy acertado vender una imagen con tanta carga como esa para representar a un producto que sólo pretende mancharnos la piel de manera uniforme para que parezca que has ido a la playa (muy útil para los opositores por cierto) ¡Y que no digan que no se han dado cuenta, por que no lo ponen una vez, si no dos: primero en letras grandes "Llévate el moreno de regalo" y luego en letras blancas sobre fondo negro, para que destaque "consigue el moreno más deseado".

¿Y si seguimos esa propuesta? Un minuto googleando y tres de diseño y edición y tenemos esto:


En fin, señoras y señores, no deseo extenderme más. Concluyo por tanto lo siguiente: si bien, tal y como decía antes, el erotismo puede ser un elemento de reclamo que la publicidad ha sabido aprovechar sabiamente y con estilo en muchas ocasiones, no creo que deba relegarse el ingenio del diseño publicitario a un segundo o tercer plano por un chiste gráfico de mejor o peor gusto, cuyo objetivo (llamar la atención) puede ser conseguido con mucha más elegancia y clase.

Saludos y hasta dentro de quince días.

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