martes, 31 de marzo de 2015

Desventuras en la gran ciudad

 - Buenos días. Necesito escanear estos dibujos.

El dependiente levanta la mirada perezosamente y se ajusta las gafas caídas a media nariz. Alarga su temblorosa y madrugadora mano huesuda y coge las tres láminas A3 haciéndolas bailar en el aire como aquel adolescente que pisa por primera vez la pista de baile. Después, se levanta de su banqueta nueva roja brillante, resoplando detrás del mostrador y se gira sin dejar de mirar los dibujos a tinta china que le he entregado.

- Espere - le detengo, haciendo que gire la cabeza hacia mi, de nuevo con sus gafas a media nariz. - He intentado escanearlos en otros sitios y no consigo que lo hagan bien: quiero que los blancos salgan blancos y los negros, negros...

http://copimatge.net/imagenes/home_copimatge.jpg
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Aquel hombre delgado asiente con la cabeza mientras se vuelve sobre sí mismo y abre la desgastada tapa de la fotocopiadora, oscurecida por el polvo y la grasa de las manos, lo cual me llama la atención, pues he de reconocer que el local de aquella papelería técnica parecía recién inaugurado. Mientras miro los artículos expuestos por toda la tienda, me digo a mí mismo que quizás le he dado pocos detalles sobre lo que me interesa . "Bueno, todo el mundo suele escanear las imágenes a 300 dpi, no creo que sea un problema". Casi sin terminar mis pensamientos, el hombre vuelve al mostrador y zamarrea el ratón hastiadamente, como intentando despertar a un dormilón compañero de celda. Cuando éste reacciona y la pantalla se enciende acompañada del típico chasquido, el hombre vuelve a resoplar. Creo que en los -menos de- cuatro minutos que llevo aquí, ya lo he visto resoplar tres veces, aunque reconozco que cuando  miraba el género no estaba muy pendiente.


La puerta gime a mis espaldas.

- Buenos días. - saluda la rubia cincuentona.
- Buenos días. - respondemos los dos a la vez. ¡Eh! A esta señora la ha saludado, debe estar despertándose.

El dependiente gira un poco la flamante pantalla del ordenador para que pueda mirarla y, mientras me inclino sobre el mostrador, comienza a renombrar los archivos.

- Disculpe... - le interrumpo de nuevo señalando con mi flaco y peludo dedo la pantalla. - ¿Podría ampliar esa zona un poco?

El hombre me escucha, sin dirigirme en ningún momento su fría y soñolienta mirada, escondida detrás de aquellas lentes montadas en pasta oscura y, poniendo especial énfasis a la parte de mis instrucciones que decían "un poco", aumenta un sector para poder ser examinado con un poco más de exactitud mientras me parece escucharlo resoplar una cuarta vez.

- Perdone, está demasiado pixelado ¿A qué resolución lo ha escaneado? - le pregunto.

El hombre menea ligeramente el ratón en el aire, con tal de no encogerse de hombros y, siempre sin mirarme, me responde:

- Yo que sé... No tengo ni idea.

Ahora que escribo estas líneas, mi sentido arácnido me indica que lo más inteligente hubiese sido coger mis dibujos, guardarlos en la carpeta y largarme de allí como alma que lleva el diablo, pero qué queréis, era muy temprano y acababa de conducir 45 minutos para llegar a esa tienda que me habían recomendado en el pueblo; no caí en ese momento. En lo que sí caí en aquel momento, fue en el parecido de aquel hombre admitiendo que no tenía ni idea de hacer su trabajo y cierto vídeo en el que un conductor ebrio reconoce ante la Guardia Civil y las cámaras de televisión que venía de "tirarse a una prostituta".

- ¿Lo quieres a más resolución?- me ofrece el hombre cortés y sorprendentemente a la vez, mientras mira al tercer cliente que acaba de entrar con cara de prisa y una vieja carpeta de cartón azul, acompañado de un niño con cara de impaciente.
- Hombre, pues sería un detalle. A 300 dpi estaría bien, gracias. - le respondo yo, mientras ya está colocando la primera lámina sobre el cristal. He de reconocer que al menos el hombre es rápido en realizar los ajustes a la máquina y sacar de nuevo las copias digitalizadas.

Un nuevo resoplido acompaña su movimiento al sentarse, como una guitarra acompaña la melodía de una bandurria. Me recuerda a un profesor de religión granaíno al que llamábamos "el cafetera". Me inclino de nuevo sobre el mostrador y miro el dibujo por encima y juraría que el dependiente me mira directamente con un poco desconfianza. 

http://m.memegen.com/e8mjv0.jpg
http://m.memegen.com/e8mjv0.jpg
- Sí, al menos de resolución está bien. ¿A que resolución lo ha escaneado? - pregunto yo también desconfiado.
- A 600. - me responde.
- Pero le dije a 300, a 600 el ordenador no me va a tirar bien.

El dependiente me dirige claramente una mirada, de esas que sin decir nada, lo dicen todo: me tienes hasta los cojones, ya ha tenido que venir el primero a tocarme los huevos, ése es tu puto problema, a mi que coño me cuentas,... Escojan ustedes una o invéntense una que les cuadre mejor.

- Está bien, ya lo cambiaré yo en mi casa... - me retracto, mientras se dispone a renombrar los archivos.
- Espere... - vuelvo a interrumpir mientras sonrío estúpidamente. - Estoy viendo que lo ha escaneado en blanco y negro.
- Es lo que me has dicho - me replica.
- No. - le respondo yo sin que se me ocurra nada más que añadir.
- . - vuelve a "argumentar".
- Seguro que no. - reafirmo.
- Me has dicho que quieres los blancos blancos y los negros negros. - me recuerda.
- ... - ay, dios. - Pero eso no quiere decir que lo quiera en blanco y negro. Tal y como lo ha hecho, ese lápiz azul sale en negro y eso no...
- ¿Y entonces como pretendes que los blancos salgan blancos y los negros, negros?

Antes de que entre algún negro en la tienda y piense que estamos enzarzados en algún tipo de debate racista, opto por darle la razón como a los locos y le doy el pendrive para que me cargue los documentos en él. 

- ¿Podría guardarlos en jpg? - le pido por última vez.
- Ehhh... En tiff o pdf - resopla por última vez (espero).
- Tiff me va bien. - me conformo.
- Son 60 céntimos - me informa. Al menos no es el euro que me quisieron cobrar en el último sitio al que fui.

Salí de la tienda maldiciendo y aumentando mis niveles de estrés, ansiedad y volumen testicular, prometiendo a los cielos que no volvería a ese lugar. ¡Menos mal que el motivo principal de desplazarme a la capital fue otro! No obstante aquella desventura se merece no sólo un relato como éste en mi blog, si no que también debería haberme cagado en sus muertos, directamente y sin rodeos, pero claro, soy un niño educado alque le gusta dibujar y pasar desapercibido. Ahora, eso sí, mientras la red de redes me siga aportando seguridad, me permitiré la cobardía y desvergüenza de llamarte por última vez CABRÓN.

 http://img.desmotivaciones.es/201105/CC_23032_otros_cuanto_gato_cabron.jpg

2 comentarios:

  1. Hola Sergio. No sé si después de esta "aventura" no te interesaría más agenciarte un scanner para casa. Yo tengo uno que ya no puedo usar porque va conectado a través de una tarjeta SCSI y en el portátil que tengo ya no puedo instalar esas tarjetas. Puse un anuncio en "segunda mano" para regalarlo pero no le interesa a nadie. Si lo quieres es tuyo! Es un hp scanjet 5p. Mi mail es da_lo_go@hotmail.com
    Por cierto, muy buena la anécdota!

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    1. Muchas gracias por tu generosidad, colega, pero lo cierto es que yo me encontraría exactamente con el mismo problema que tú. El caso es que mi novia me regaló una vieja multifunciónal de Lexmark que ya no imprime, pero que da el apaño, a no ser que se trate de un trabajo un poco más delicado. Ahí es cuando tengo que arremangarme, coger el petate y salir por ahí como Indiana Jones buscando una copistería en condiciones y un profesional que sepa manejar sus herramientas que, por lo que se ve, donde yo vivo eso no se estila mucho (la mayoría tiene la máquina preconfigurada y no quieren tocarla).
      En fin, colega, al menos esas láminas conseguí escanearlas muy decentemente en otro establecimiento (de otra localidad) y todo se solucionó.
      Así que, de nuevo muchas gracias por tu ofrecimieno, pero sobre todo, por pasarte por aquí, y echar un vistazo. Hasta la próxima.

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